Alfonso García: Desde los cimientos formativos

Foto: Futbol BCN

Después de tres temporadas maravillosas y didácticas, pero muy exigentes, quise tomarme un respiro. Tenía 22 años, y dejaba mi función como segundo entrenador de un Juvenil División de Honor, y mi bombona de oxígeno, sería un Prebenjamín de primer año.

Abandonaba todo un mundo donde nada es dejado al azar, donde todo está meticulosamente calculado, donde todo se analiza, se programa, se anticipa. Donde cada uno tiene su rol, donde el orden y la disciplina son innegociables, donde la presión te está esperando en cada paso.

Pues sí, iba a sustituir todo este perfeccionismo por el más absoluto de los caos. Tal Benjamin Button, iba a hacer un rewind, y retroceder en el tiempo para empezar de cero. Para pasar de la última etapa formativa de un jugador al más alto nivel, a los primeros pasos futbolísticos de niños que corrían todos juntos tras el balón como si no hubiese una mañana. Que tropezaban solos, entre ellos, chocaban. Engullía la marabunta el balón, desapareciendo ante la vista de todos, para salir rebotado del tumulto, y volver a ser perseguido por todos, levantando una polvareda al paso.

Y allí estaba yo. Con mi libreta, y mis bártulos, equipado tal como lo hacía con el Juvenil División de Honor, pero delante, tenía a una docena de niños corriendo y chocando entre ellos, gritando, saltando, riendo, con el único objetivo de darle una patada al balón. Estaba en el lugar correcto, justo donde yo quería. Risas y alegría. Solo por darle patadas a un balón. Esas risas y esa alegría, que de donde yo venía, ya no eran tan gratuitas. Donde el balón ya no era el causante de esa euforia. Donde el resultado era el que dictaminaba tu estado de ánimo. Donde darle patadas al balón, se convertía más en un oficio, que en una afición.

 “¡Chicos, vamos a hacer un ejercicio!” – Unos corrían para un lado, otros para otro. Otros estaban hablando, otros ni se habían dado cuenta que yo estaba hablando. Recordaba en esos momentos cuando yo mandaba hacer un ejercicio a los Juveniles, en un silencio sepulcral, todos atentos y con una ejecución magistral, en ocasiones incluso con exceso de motivación, donde la competitividad por hacerse un hueco en el once, hacía que todo cuanto ocurría en el entreno se ejecutara con sobriedad y rotundidad.

“¡¡¡Chicos venimos!!! ¡Diego deja el balón quieto! Vamos a ponernos todos en esta zon. David en esta zona, ¡no allí!…Toni, un momento! Cogemos un balón cada uno… Pero ahora no, esperad! … Sí Toni, puedes ir a hacer pipi…”

Bueno, no descubro nada nuevo para aquellos que entrenan a niños que empiezan a jugar. Primera lección para un entrenador en etapa inicial: Si quieres emular a Pep Guardiola, Klopp o Mourinho, no entrenes nunca en etapas formativas. De verdad. Entrena a Cadetes o Juveniles si buscas eso. Vas a ser un perjuicio más que una ayuda para los niños. En esta etapa, no eres un entrenador. No vas a hacer nada parecido a lo que hace un entrenador de etapas superiores.

Eres un formador. Vas a necesitar muchísima pedagogía. La paciencia debe ser una de tus virtudes, y deberás ser un buen docente. En ocasiones, parecerá que estás en una guardería en vez de en un equipo de fútbol.  Vas a guiar a los niños en sus primeros aprendizajes de este mundillo. Hay gente que no le da valor a esta tarea, pero están muy equivocados. Tu trabajo es esencial y tienes una gran responsabilidad. Tú eres el encargado de empezar a construir una casa, y eres el responsable de la parte más importante: los cimientos.

Continuará…

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