11 agosto, 2022

Daniel Sjöstrand: ¿Y si implementamos el tiempo efectivo en el fútbol?

Hoy en día el fútbol se juega sin parar el reloj cada vez que la pelota está fuera de juego. Bueno, en principio se para, pero solamente es el árbitro el que pueda ver esto.

En otros deportes como hockey sobre hielo, básquet y fútbol americano se usan el tiempo efectivo. Es decir que el tiempo se para cada vez que el objeto del juego no está en activo. ¿Es posible hacer lo mismo en el fútbol?

El tiempo añadido es un asunto que sigue siendo un misterio para mí. Dicen que cuentan 30 segundos por cambio, pero he visto partidos donde ha habido 6 cambios y sólo dos minutos añadidos. No me parece muy lógico entonces. ¿Cómo se cuenta eso?

En casi cada partido un equipo tiene más que ganar que el otro a que se acabe el tiempo lo antes posible. Por ejemplo un equipo que va ganando 1-0 y está contento con esto puede, con el sistema de ahora, utilizarlo y gastar tiempo. Puede ser por tardar en hacer un saque de portería, un saque de banda o los casos más comunes, que un jugador se queda en el suelo «lesionado» o que tarda en salir del campo para hacer el cambio. Al menos lo último se ha gestionado al obligar a los jugadores a salir del campo por la línea más cercana.

Sin embargo, en muchas ocasiones, el tiempo «gastado» en todas estas situaciones no se añadirá al 100% al tiempo añadido después de los 45 o 90 minutos.

No digo que haga falta parar el reloj por cada cosita, pero cuando por ejemplo hay saque de portería, tiros libres donde el árbitro pide esperar hasta pitar, lesiones, cambios etc, me parece correcto que no solamente el árbitro pare el reloj, sino que el reloj en los campos también se paren. Repito, si en otros deportes pueden manejar un reloj efectivo, no veo ningún problema de hacerlo en el campo de fútbol.

El fútbol americano es el ejemplo en este sistema. Allí los árbitro deciden cuando para el reloj, pero a la vez hay reglas muy claras. La única vez que el tiempo no se para es si una jugada fue parada y la pelota se quedaba dentro del campo al acabarla. Se podría comparar eso a un tiro libre donde no hace falta que el árbitro pite para iniciar el juego, como por ejemplo después de un fuera de juego.

Evitaría muchas polémicas y ayudaría a los árbitros contra una crítica innecesaria.

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